ARTICULO PUBLICADO EN MICROMANIA
La historia cuenta que un ilustre monje franciscano, llamado Guillermo de Occam, perseguido y acusado de herejía por la inquisición, concertó, en una importante abadía italiana, una entrevista con el representante del Papa, Bernardo Güi, para intentar solventar mediante el diálogo sus diferencias.
Guillermo, acompañado por su novicio Adzo viajó a Italia. Mientras esperaban la llegada de Bernardo en la abadía, unos extraños acontecimientos perturbaron la paz de ésta. Alguien debía resolver el misterio, y quien mejor que un huésped de honor como Guillermo, reconocido entre sus contemporáneos como uno de los hombres más sagaces e inteligentes del Continente. Un antiguo pergamino nos ha desvelado las pesquisas que nuestro ilustre monje realizó para descubrir la causa de las muertes que inexplicablemente se sucedían en la abadía. Esto fue lo que aconteció.


Primer día

NONA
Nada más llegar a la abadía el abad recibió cordialmente a sus huéspedes. De pronto su rostro se nubló y comenzó el relato de los extraños hechos que desde hacia algunos días asolaban la abadía. Poco después el abad indicó a sus invitados cual era la celda que les había sido asignada. Guillermo siguió de cerca al Abad, pues conocía de antemano la estricta disciplina de la abadía, que obligaba a todos los monjes a cumplir a rajatabla todas las órdenes de éste, si no querían que en su particular marcador de obediencia se fueran descontando puntos. Si éste llegaba a cero el monje era expulsado y esto era lo último que deseaban Guillermo y Adzo, pues los hechos habían despertado su curiosidad y querían aclarar la situación por todos los medios.

VÍSPERAS
Cansados por el largo viaje, nuestros protagonistas decidieron descansar unos segundos en cuanto el abad abandonó sus aposentos. Repentinamente el repique de unas campanas les indicó que había llegado la hora de la oración. Rápidamente debían dirigirse a la iglesia. Guillermo se sintió algo desconcertado, debía cumplir el mandato del abad, pero desconocía dónde se encontraba la iglesia. Sin embargo Adzo le sacó del apuro. Conocía perfectamente la abadía y si Guillermo le seguía de cerca podía conducirle a cualquier lugar. Guillermo anotó mentalmente la habilidad de su novicio, pues era posible que en otro momento necesitara sus servicios para llevar a buen término sus investigaciones. Le siguió y en pocos segundos llegaron a la iglesia. Allí se enfrentaron a un nuevo problema, Guillermo desconocía cuál era el lugar reservado para él. Intuyó que debía situarse dos baldosas por delante de Adzo, mirando hacia el altar y en su misma línea, ya que de lo contrario el abad le sancionaría. Esperaron pacientemente que llegaran el resto de los monjes. Mientras, pudieron observar, en el particular sistema de control de la abadía, cómo uno de los monjes recorría zonas de la abadía desconocidas para ellos. También comprobaron asombrados cómo al llegar a la cocina éste desaparecía y misteriosamente hacía su aparición triunfal en la iglesia por detrás del altar. Al terminar la misa se dirigieron a su celda. Debían llegar allí antes de que lo hiciera el abad, pues de lo contrario nuevamente podría sancionarles. Adzo preguntó a su maestro si podían dormir algunas horas, Guillermo complaciente le contestó que sí. De esta forma acabó su primer día en la abadía.

Segundo día

NOCHE
Sigilosamente alguien entró en el aposento de Guillermo mientras éste dormía para apoderarse de las lentes. Éste sólo podría recuperarlas cuando pasaran varios días.

PRIMA
Nuevamente el repique de las campanas despertó a Guillermo. Como el día anterior, ambos se dirigieron a la iglesia para la oración, situándose en el lugar reservado para ellos. Durante su estancia en la abadía esta acción se repetiría cada mañana, situándose siempre en la posición exacta, para no ser sancionados. Todo estaba preparado para el sermón, cuando el abad anunció el descubrimiento del cadáver de Berengario, uno de los mejores traductores de la abadía. Pocos segundos después el abad llamó a Guillermo, quien tras encontrarle escuchó atentamente sus palabras.

TERCIA
Guillermo y Adzo aprovecharon el breve descanso de la hora tercia para recorrer la abadía y memorizar la localización exacta de las estancias. La excursión les condujo a la biblioteca donde encontraron y recogieron una llave que posteriormente les serviría para abrir el pasadizo secreto que recorrerían por la noche, pues estaba rigurosamente prohibido acceder a él. La llave estaba custodiada por el bibliotecario, pero Guillermo haciendo uso de la astucia que le caracterizaba le distrajo colocándose cerca de la barandilla del patio, mirando hacia otro lado y guiando a Adzo para que éste se dirigiera por detrás de la mesa hasta el lugar donde se encontraba la llave. Con la llave en su poder se dirigieron al comedor. Por el camino observaron un curioso pergamino y un libro encima de un escritorio, pero no pudieron recogerlos ya que estaban vigilados.

SEXTA
Llegaron al comedor. Allí Guillermo debía situarse junto a la segunda columna por la izquierda. Este punto le supuso a Guillermo un fuerte desgaste de su contador, ya que mientras no consiguiera encontrar el lugar exacto, éste descendería vertiginosamente. Después de comer se dirigieron hacia la cocina donde encontraron una de las dos entradas del pasadizo secreto. Pero rápidamente las campanas les indicaron que debían dirigirse a la iglesia. Después regresaron a la celda. Adzo quería dormir, pero Guillermo con un rotundo no le indicó que debían proseguir las investigaciones. Corrían el riesgo de que el abad les descubriera fuera de su aposento, pero merecía la pena arriesgarse. Guillermo había elaborado una estrategia.

Tercer día

NOCHE
Rápidamente se encaminaron hacia una puerta secreta que se encontraba en la habitación posterior al altar, por la que unos días antes había aparecido el monje mientras esperaban la llegada del resto de los monjes para la oración. Entraron por ella y misteriosamente aparecieron detrás de la chimenea de la cocina. Esta era la única forma de llegar a la biblioteca, ya que por las noches todas las puertas permanecían cerradas. Subieron a la biblioteca y buscaron el pergamino y el libro que habían encontrado el día anterior. Sobre el escritorio hallaron el pergamino, se apoderaron de él y comprobaron que el libro había desaparecido. Regresaron a la celda rápidamente. Para que el abad no les sorprendieran decidieron aguardar hasta que amaneciera en la puerta del pasadizo, esta debía quedarse abierta para que pudieran ocultarse.

PRIMA
Se dirigieron hacia la iglesia. El abad sin ocultar ya su preocupación les comunicó la desaparición del ayudante del bibliotecario.

TERCIA
Al terminar la oración, el abad decidió presentar a Guillermo al más anciano de los monjes de la abadía, Jorge. Éste airadamente les habló de la presencia del anticristo en la abadía.

NONA
Guillermo y su inseparable Adzo después de ir al comedor y obedecer así las órdenes de abad, se dirigieron a la cocina. Allí recogieron la lámpara de aceite imprescindible para la excursión nocturna que Guillermo había planeado.

Cuarto día

NOCHE
Dispuestos a investigar la localización exacta del laberinto, decidieron no dormir. Esta primera visita les permitió aprender a guiarse por él.

PRIMA
Asistieron a los oficios como cada día, pero una desagradable sorpresa les esperaba allí. El abad les comunicó la aparición del cadáver del ayudante del bibliotecario, así como la presencia inminente en la abadía de Bernardo Güi, el emisario del Papa. El abad preocupado decidió postergar la investigación, pero Guillermo hizo caso omiso de las recomendaciones del abad.

TERCIA
Guillermo y Adzo se dirigieron a la biblioteca, por el camino encontraron al monje encargado del herbolario, quien amablemente les informó del resultado de la autopsia practicada en el cadáver encontrado. Lo más destacado de su informe era la aparición de unas misteriosas manchas en la lengua y en los dedos.

NONA
Bernardo Güi llegó a la abadía. Tras reponer energía en el comedor, Bernardo haciendo buen uso de los poderes que el abad le había otorgado, exigió a Guillermo el pergamino, con la intención de examinarlo. Inmediatamente, aunque contrariado, Guillermo le entregó el manuscrito.

Quinto día

NOCHE
Prosiguieron sus investigaciones y encontraron una llave olvidada por el abad junto al altar. La recogieron y regresaron a gran velocidad a su celda para no ser sorprendidos por éste.

PRIMA
El padre herbolario dispuesto a colaborar con Guillermo momentos antes de cumplir con la oración le comunicó la aparición de un extraño libro en su escritorio. Por fin habían encontrado el libro.

TERCIA
Mientras el abad entretenía a Guillermo, el bibliotecario mató al herbolario y lo encerró en su habitación con su propia llave. El libro desapareció nuevamente.

NONA
Todo estaba dispuesto para comer, cuando el Abad y Guillermo se dieron cuenta que el hermano herbolario no había acudido a la cita diaria. Se dirigieron a su celda y encontraron allí el cadáver. Mientras tanto, el bibliotecario aprovechando la conmoción general encerró el libro en la habitación secreta del laberinto.

VISPERAS
El bibliotecario decidió ojear el libro. Moribundo consiguió llegar a la iglesia, pero por el camino perdió las lentes de Guillermo y las llaves robadas. Una vez en la capilla pronunció sus últimas palabras, muriendo a los pocos segundos.

Sexto día


NOCHE
Guillermo y Adzo decidieron continuar sus pesquisas. Al llegar a la biblioteca sobre un escritorio encontraron la llave perdida y en el torreón noroeste del laberinto las lentes. Con estos objetos en su poder regresaron a la celda, sin olvidar recoger la lámpara de aceite, como cada día.

PRIMA
Después de la oración, el abad comunicó a Guillermo que debía abandonar la abadía al día siguiente.

TERCIA
Guillermo continuó investigando y sus pesquisas le condujeron a la habitación del padre herbolario, donde encontró unos guantes que recogería para utilizarlos más tarde.

NONA
Utilizando la llave que el abad dejó olvidada en el altar, Guillermo y Adzo llegaron a la celda de éste. Allí recuperaron el manuscrito que contenía la clave para atravesar el espejo del laberinto que encerraba la habitación secreta.

Séptimo día

NOCHE
Con la lámpara de aceite recargada, se encaminaron hacia la misteriosa y escondida habitación secreta. Al llegar a ella encontraron el espejo. Se situaron lo más cerca posible de él, en las escaleras del centro y recordaron la leyenda del manuscrito. La clave se encontraba en la primera y última letra de la palabra QUATUOR. Pulsaron la Q y la R y el espejo misteriosamente desapareció. En la estancia encontraron a Jorge, el anciano monje ciego. Éste se dirigió a Guillermo y le dijo: "Tomad, aquí está vuestro premio, os estaba esperando." Guillermo cogió el libro prohibido y escuchó atentamente la historia que sobre él le contó el anciano invitándole a leerlo. Era un libro de Aristóteles prohibido durante años. Guillermo quien previamente se había colocado los guantes lo ojeo y lo comprendió todo. Sus páginas estaban envenenadas y cuando alguien utilizaba el pulgar humedecido el veneno acababa con la curiosidad del ávido lector.
El anciano ciego desapareció por la puerta, raudos Guillermo y Adzo le siguieron para no perderle de vista y entonces... sucedió lo inevitable.

MAPA



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